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Me
mordí la lengua para no contestar". "Apreté
los dientes y seguí adelante". Pueden ser buenas
decisiones en el momento, pero tienen un costo... para
los dientes. Por la noche, cuando el sueño y el inconsciente
desatan las broncas domesticadas durante el día, muchas
veces lo hacen a través de los dientes; con tal fuerza,
que provocan dolores, sensibilidad y, finalmente, la
pérdida de piezas.
El
bruxismo consiste en rechinar o apretar los dientes,
por lo general sólo mientras se duerme, al punto de
despertar a los compañeros de dormitorio. Se lo asocia
sobre todo a trastornos emocionales por lo que, al compás
de la tensión nerviosa y el estrés, "cada vez recibimos
más consultas por el desgaste dental y sus consecuencias",
afirma el doctor Luis Ernesto Tamini, titular de la
cátedra Odontología Integral Adultos de la UBA.
"En
los pacientes que han tenido prevención y contacto con
la educación odontológica, hoy la caries no es el factor
principal de consulta, sino las alteraciones provocadas
por esta patología. Como las personas conservan mayor
estructura dental y durante más años, aparece más el
bruxismo, en el 60% al 70% de los casos", observa
Tamini.
El
docente recuerda "la cantidad de dientes que tuvimos
que sacar durante la crisis 2001-2002, porque se fracturaban
-acota-. Hasta implantes de titanio han llegado a romper
los pacientes".
El
frotamiento desgasta los dientes y los faceta. La presión
de la mordida -de 35 a 70 kilogramos/fuerza para la
masticación de alimentos- se quintuplica; pero no hay
nada que se interponga entre los dientes, y chocan entre
sí. "Están preparados para encontrarse sólo en
la masticación, y no más de cuatro veces por día",
describe la doctora Silvina Cortese, profesora adjunta
de Odontología Integral Niños de la UBA.
La
excesiva presión retrae las encías, hace saltar el esmalte
en el cuello de los dientes, y aparece la hipersensibilidad,
"uno de los grandes problemas que estamos viendo
-observa Tamini-. A veces, el diente se mueve mucho.
Y si además hay placa bacteriana, se destruye el tejido
óseo".
En
los chicos, el bruxismo adquiere características particulares,
y está asociado a otras parafunciones (funciones que
se ejercen en forma excesiva), como comerse las uñas,
chupar dedos u objetos, y mascar chicle.
Esta
patología también suele estar relacionada con trastornos
respiratorios. "Por lo general, disminuye después
de una operación de amígdalas, por lo que el bruxismo
debe ser considerado a la hora de decidir si se opera
o no a un chico", señala Cortese.
"En
chicos de 17, 18 años la vemos muy marcada -comenta
Tamini-. Tienen energía, potencia muscular y, con la
ansiedad, los dientes se destruyen más rápido. Es la
población en la que más hay que poner el ojo".
En
odontopediatría, el bruxismo motiva cursos de posgrado
desde hace pocos años. En aten ción de adultos, en cambio,
"el 100% de los alumnos sabe diagnosticar una faceta
producto de esta patología", afirma Tamini.
Lo
que no resulta tan fácil, es resolverla. Se puede frenar
el desgaste con una placa de acrílico, y reponer el
esmalte perdido (Ver "Las soluciones...");
pero el paciente seguirá bruxando.
"Los
odontólogos trabajamos sobre los signos y los síntomas,
no sobre la psiquis -indica Tamini-. A la gente le cuesta
mucho asimilar que algo no anda bien, y no suele aceptar
al odontólogo que actúe como psicólogo. Pero a veces,
cuando uno explica por qué sucede esto, los pacientes
se quiebran y cuentan qué les pasó. Los psicofármacos
no anulan el bruxar. Es un problema de 'bochólogo',
no de odontólogo".
Las
soluciones mas usuales.
Cuando
se inicia el desgaste, se puede mejorar los sistemas
de protección dentaria restaurando primero las puntas
de los caninos, para evitar que avance la erosión. También
es factible reponer el faltante de diente mediante resinas
en los incisivos, aunque no en los molares, donde la
fuerza es mayor.
El
uso durante la noche de una placa de acrílico -también
llamada placa de descanso- que se calza por lo general
en el maxilar superior, evita el desgaste. "Interrumpe
la sensación que el paciente tiene de sí mismo y produce
un mecanismo de inhibición; se ve una disminución en
el bruxismo -explica el profesor Pedro Ernesto Tamini-.
Pero cuando el sistema pasa a reconocer la placa, el
paciente vuelve a bruxar. Por eso se recomienda tener
dos placas, y alternar su uso cada 15 días". |